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Decisiones políticamente correctas

Columnista de opinión:  Laura Luna

Twitter: @LauraMLuna

“Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral”.

Sir Francis Bacon

 

Ya empezaron las elecciones para definir el futuro presidente de Colombia. Por la diferencia horaria, en algunos países ya se abrieron las urnas y se habilitara la votación durante toda la semana.

Está en manos de los colombianos marcar o disminuir la diferencia de Iván Duque sobre Gustavo Petro evidenciada en la primera medición sobre intención de voto para la segunda vuelta (20 puntos). Por eso se ha visto en cada contendor la invitación a la unidad y las coaliciones estratégicas que buscan sumar a sus filas a los más de cinco millones de votantes que no pasaron el umbral con sus respectivos candidatos.

En este nuevo escenario no habrá debates y la plaza pública no está siendo lugar de adhesión por el capital electoral, sin embargo, el cuestionamiento sobre la decisión de Fajardo y de la Calle, de votar en blanco ha generado una nueva dinámica de ejercicio político colombiano.

Reconocidos por nuestro antecedente histórico de bandos donde eres aliado o enemigo, se han reformulado las opciones y la falsa promesa de los radicales asusta (y acosa) a quienes han decidido que no se identifican con ningún candidato. Se levantan las banderas del uribismo que dicen, que mejor Duque así no sea el candidato idóneo, porque es mejor tener la mano firme y luego se contraponen los petristas que aseguran que su representante, aunque no es el mejor, es el menos malo.

Lean bien el párrafo anterior y entenderán lo oscuro del panorama. Yo respeto profundamente a quienes se ven representados en estos dos candidatos y adelantan campañas apasionadas desde sus propias convicciones, pero sentenciar a la séptima paila del infierno a quienes no se identifican ahí, por su voto en blanco, es ridículo. Entender la diferencia, dejar participar al otro y respetar -hacer valer- su opinión es el principio básico de la democracia.

No hay manera de categorizar que lo mejor es votar por el uno o por el otro y mucho menos señalar de falta grave sufragar en blanco. Votar es el fin último del ciudadano, y su elección no puede condicionarse como buena o mala. Los colombianos tenemos que bajarle el tono a nuestro espíritu de paladines de la moralidad.

Es inviable tratar de llevar votos de una esquina a la otra, por eso algunos eligen no tomar partido. Eso es una decisión, que trae consigo también el peso de las consecuencias y estoy segura de que los votantes lo tienen claro. En todo caso, deberían fijarse más en el abstencionismo. De las 36.783.940 personas habilitadas para votar, 19’636.714 salieron a las urnas. Ahí podía estar la última palabra.

Enmienda: Titulan noticias con: “Abejas africanizadas atacan evento uribista” y de verdad nos negamos a creer que este país es la fábrica del realismo mágico. Por cierto, ya las autoridades evidenciaron que el aterrizaje del helicóptero en el que viajaba el senador Álvaro Uribe al lugar habría tumbado el panal de abejas.

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