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Doble moral política santandereana

Columnista de opinión:  Laura Luna

Twitter: @LauraMLuna

“El delito de los que nos engañan no está en el engaño,  sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca.

Víctor Ruiz Iriarte

 

Como titular hace unos días leí en medios regionales que el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, le sugirió a los ciudadanos que en los próximos comicios reciban los beneficios que ofrecen los candidatos corruptos, pero que a la hora de ejercer su derecho al voto lo hagan a conciencia por un candidato decente.

A mis ojos es una afirmación que más que evidenciar la coherencia, porque busca el logro de objetivos particulares, promueve el engaño. Y eso genera una bola de nieve que termina, en el caos político del que hacemos parte en nuestro diario vivir.

“Si le llegan a la gente más humilde todos esos ladrones con tejas, ladrillos, tamales y cemento, recíbanle todo lo que dan y vote a conciencia, porque todo eso que le ofrecen se lo han robado previamente a usted mismo. Recíbales todo y voten a conciencia por candidatos honestos”, aseveró el alcalde Rodolfo Hernández.

Es una justificación del ojo por ojo. Lo verdaderamente necesario, es analizar los motivos que llevan a un colombiano a aceptar sobornos y prebendas, y entonces sanar de raíz el problema, pero ese propósito es un horizonte muy largo y angosto para nuestros políticos actuales. Entender que sacar provecho aún a costa de un daño mayor, generará resultados catastróficos.

Por décadas los colombianos han elegido a sus representantes a cambio de recibir los beneficios mínimos que debería garantizarle el Gobierno y no, un político. Comida, carreteras, agua, educación y casas entre otros han sido parte de la oferta variada que garantiza el triunfo. Y eso casi que racional, entender al ciudadano que “concede” su voto a cambio de, por ejemplo la alimentación de sus hijos.

Entonces, no es recibir los “regalos” del cupo escolar o los ladrillos prometiendo un voto para luego en las urnas elegir a conciencia, y timar a timador. Así no debería ser, porque entonces si actuamos como el ladrón, seremos ladrones. Hay que demandarle al Estado la garantía de las necesidades básicas y a los candidatos evaluarlos con base en sus propuestas, acciones y principios.

No justifiquemos la corrupción, aunque en algo encontramos la posibilidad de salir beneficiados. Para concluir quiero que pensemos que, si a cambio de nuestro sufragio recibimos la bolsa de cemento para la pared de nuestra propia casa alegando que cubrirá una necesidad importante y que igual fue robada por el contratista que no la invirtió como lo prometió en la construcción de la carretera de barrio, puede que tengamos una linda división en la sala pero no podamos salir de la casa.

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