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El Presidente que sí respetó el resultado del plebiscito, hace 59 años

Ante tal afrenta, y en ejercicio del poder nacional, el general París pudo recibir la tentación de imponerse sobre la voluntad popular, y negar el resultado para retener la presidencia en favor del estamento militar; mas aun cuando el 2 de mayo de 1958, vió amenazada su vida, a mano de sus propios hombres.

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Por Henrique Gómez Paris

@hgomezparis

Diciembre 1º de 2016

Muy pocos colombianos tienen referenciado el nombre de Gabriel París como expresidente de Colombia, y es consecuente esa realidad a la personalidad irreductible de soldado de la Patria que le revestía. Su vocación militar y de servicio hacían del general París, un legítimo descendiente de los próceres que a pesar de haberlo entregado todo por la independencia, eludieron los honores que en justicia les asignaba su mérito. De manera inesperada, se convirtió en protagonista de la historia de Colombia, cuando ejercía como plenipotenciario ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El ascenso al poder de su superior, el teniente general Gustavo Rojas Pinilla, lo llevó a cargos distintos a los que aspiraba en la carrera militar, corresponidéndole ocupar dos veces el que menos se imaginó: la Presidencia de la República.

La primera ocasión la alcanzó en 1955 como ministro de justicia, cuando el presidente Rojas realizó una visita oficial a Ecuador con gran parte de su gabinete, y dejó a París encargado del gobierno, por espacio de 4 días. La segunda, se dió cuando el paro nacional de 1957 exigió la renuncia del general Rojas, y le correspondió ponerse al frente de un gobierno de transición, previsto para 14 meses. París, ministro de guerra y segundo oficial en antigüedad del Ejército, asumió la presidencia de una Junta Militar, a la que fueron integrados el comandante de la Policía (Deogracias Fonseca), el ministro de obras públicas (Rubén Piedrahita), el comandante del Ejército (Rafael Navas) y el director del SIC (Luis Ernesto Ordóñez).

Y aunque fue un periodo corto, el papel cumplido por este soldado ibaguereño fue tan notable, que tal vez por eso no lo recuerda tanto la historia: convocó al primer plebiscito en la vida republicana del país, con el fin de restablecer las instituciones democráticas bajo la fórmula del Frente Nacional, que le daba equidad de participación política a los partidos tradicionales, y así cesar la violencia entre liberales y conservadores. Fue así que el 1º de diciembre de 1957, la mayoría de los sufragantes aprobó dicha reforma, que no se limitó a ese punto, sino que declaró también la igualdad de derechos polìticos para mujeres y varones, y la destinación del 10 por ciento de la inversión pública a educación.

El resultado en favor del Sí fue contundente: 4 millones 169 mil votos contra 206 mil fue la expresión popular, que no solo limitó al presidente París la tarea del plebiscito, sino que respetó e implementó sus efectos: en consecuencia, el país volvió a elegir congresistas, diputados y concejales luego de 10 años; volvió a elegir presidente de la República después de 8 años, teniendo en cuenta el voto de las mujeres colombianas. Materializar la voluntad popular no fue fácil, pues la historia registra que París tuvo que resistir cuatro intentos de golpe de cuartel, de los cuales tres fueron detectados antes de activarse, y el último casi logra su objetivo.

Ante tal afrenta, y en ejercicio del poder nacional, el general París pudo recibir la tentación de imponerse sobre la voluntad popular, y negar el resultado para retener la Presidencia en favor del estamento militar; mas aun cuando el 2 de mayo de 1958 vió amenazada su vida, ante el último golpe de cuartel, que llevó a que sus propios hombres lo condujeran detenido desde su casa de residencia hasta el cantón de Puente Aranda. Sin embargo, jamás dejó de lado su integridad, no solo militar, sino humana, pues el ejercicio del mas alto cargo de la Nación, no alteró su carácter ni su esencia, y en franco cumplimiento de lo pactado abiertamente entre la sociedad y los partidos, siguió adelante con su compromiso de honor, reinstalando el Congreso el 20 de julio de 1958, y entregándole la presidencia al doctor Alberto Lleras Camargo, 18 días después.

El expresidente París, al igual que sus compañeros de armas con los que tuvo la enorme responsabilidad de restaurar al sistema democrático, pasó al retiro con la satisfacción del deber cumplido. En particular, Gabriel París no estuvo provisto de las riquezas y la fama a las que pudo haber accedido con facilidad; disfrutó en cambio de una prolongada existencia, casi centenaria, gozando de salud, reposo y el reconocimiento de sus auténticos amigos, entre los cuales me conté, recibiéndo de él un valioso legado: no hay mayor triunfo en la vida que mirar a otro ciudadano a los ojos, con la tranquilidad de no deberle nada.

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