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La delgada línea del Acuerdo de Paz

Columnista de opinión:  Laura Luna

Twitter: @LauraMLuna

 

“Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender.  Sería más eficiente”.

José Ingenieros

 

Tambalea el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera firmado en Colombia el pasado 26 de septiembre del 2016. El principal motivo es la captura con fines de extradición por cargos de narcotráfico contra alias Jesús Santrich, reconocido miembro de la FARC.

Ante la situación, hay que poner sobre la mesa dos claros argumentos de debate. Una es la opinión del grupo ex guerrillero cuya legitimidad, a ojos de los colombianos, no es muy confiable en donde se argumenta que es un montaje orquestado por Norteamérica y la Fiscalía mediante el cual se está llevando al proceso al despeñadero del incumplimiento.

La otra cara de la moneda está en el expediente judicial donde participan DEA e Interpol que contiene la investigación completa, presentando pruebas tangibles de un presunto negocio de drogas por más de 15 millones de dólares, orquestado por el mencionado detenido, todo en fechas posteriores a la firma de la Paz.

Estos hechos, reabren el panorama del post conflicto que tanto ha preocupado a sociólogos y estudiosos del comportamiento humano que fueron incisivos en el seguimiento posterior al estrechón de manos en Cartagena. Firmar el documento era solo el principio de una batalla titánica. No es casualidad, que se haya oscurecido el panorama de la implementación por falta de garantías, demoras en los tiempos acordados y lo más reciente, irregularidades en la chequera del dinero para la Paz.

Este escenario es una invitación a extremistas e incrédulos para conocer a fondo la realidad de la política colombiana actual. Con el pacto NO le entregamos el país a las FARC, aunque fue necesario hacer concesiones amargas para llegar a un acuerdo, las condiciones estipularon un pacto tácito de garantías para la no repetición. Esto significa que, si bien a Seuxis Hernández Solarte el acuerdo lo eximió de faltas anteriores, la circular roja menciona que los hechos ocurrieron a partir del mes de junio del año 2017, y por ello está obligado a responder.

No está mal ser auditores de nuestras leyes y gestores del cumplimiento de las mismas, pero para ello hay que estudiar con lupa los documentos que las soportan. No es ‘mamerto’ el que sugiere que la corrupción del Gobierno puede llegar a producir montajes para inculpar inocentes (como ha pasado), ni ‘paraco’ el que exige que a un narcotraficante hay que aplicarle todo el peso de la ley. Tenemos que aprender a mediar con los escenarios, actores y situaciones a los que nos enfrentamos cada día.

El acuerdo es una línea delgada, casi como una cuerda en la que se balancean defensores y detractores de lo allí pactado. Además, esta soga se sostiene en las columnas de una nación colombiana, cuyo suelo tambalea constantemente. No es fácil andar de manera equilibrada.

Enmienda: Dejen de decir que hay que votar por Duque o Petro porque ningún otro tiene la posibilidad de ganar. Entreguen su voto (y confianza) al candidato que los inspire, los apasione y les haga creer que seremos los mejores del planeta. Como hacemos en el mundial del fútbol, que no hemos ganado nunca.

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