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LOS “VOLTEADOS”: UNA MORAL QUE DAÑA LA CONFIANZA

Por:      Henrique Gómez Paris

Especial para CARÁCTER.

A pesar de resultarnos una cultura seductora y mágica, los celtas no tenían fortaleza y predominio como sociedad porque estaba nutrida de mercenarios: buenos para la guerra, pero combatían al lado del mejor postor. Para la conformación de bandolas de zaqueo y carne de cañón, los ejércitos imperiales echaban mano de este recurso disponible: y de ahí que Irlanda viviera supeditada a otros dominios, sumida como pueblo en un conflicto de siglos que hasta hace poco se resolvió, cuando asumieron un carácter y se definieron como sociedad.

Los referentes de la cultura mercenaria se incubaron sin decoro de la dinámica política colombiana. De la violencia generada por el radicalismo Liberal y Conservador, no hubo evolución sino degradación, pues ya ni los marcos ideológicos son referentes para una pertenencia política. Ya no es factor de vergüenza cambiarse de camiseta según la conveniencia, y ni la Ley de Partidos pudo contrarrestar esa conducta. El énfasis en la conquista del control burocrático y fiscal, desdibujó la dialéctica política como una propuesta real de escenarios de desarrollo, y se redujo al arte de “hablar bonito” o de “tener carisma”, porque la careta da para saludar, abrazar y besar a todos los electores, así causen resistencia.

Esta práctica ha sido tan afín al éxito en política, que hoy es testigo el país de cambios de bando sin rubor como el que Clara López, consumada dirigente de izquierda, dio al prescindir de las banderas de su Partido para poder ser  Ministra de Trabajo, muy a pesar de haber advertido en 2014, como ex candidata presidencial del Polo, que no integraría el gabinete del reelecto presidente Santos.

Y si el escenario nacional da grima, el local no deja de ser correspondiente. Santander, cuna de hombres y mujeres con carácter, libres, pioneros de empresas, causas políticas y sociales de alto vuelo, ve en su herencia algo glorioso pero remoto, porque sus referentes actuales están muy distantes de los originales. Y como el pasado es inmodificable, pongo los binóculos al futuro, y paso saliva de pensar que los prospectos para suceder a los actuales gobernantes, sean los llamados volteados: mercenarios sin carácter, dispuestos a venderse al mejor postor, con tal de mantener un espacio político.

Es el caso de un ingeniero industrial que vio la oportunidad de aspirar a la rectoría de su Alma Máter, y salió a atacar sin piedad al Rector de turno, que era su superior y le había dado la oportunidad de ser Vicerrector. Rechazado por los votos de los estudiantes –cuya autonomía les permitió censurar esa conducta-, cayó parado como secretario de despacho de la Gobernación, pidiendo la representación en la junta directiva de otra Universidad para perseguir a su Rector, cuyos pecados eran ser Liberal y haberle dado su primera oportunidad laboral. Con el ego rebosante, pero sin vergüenza para desfilar de Partido en Partido, encontró al fin aval en un grupo político recién conformado, y aspiró a la Alcaldía de Bucaramanga.

En campaña, no dejó Liberal con cabeza, llevándose por delante la gestión de los militantes de ese Partido, entre ellos a una de las altas funcionarias de Bucaramanga, que tiempo atrás había sido su mentora y promotora profesional. Hoy figura sonriente y protagónico en el  gobierno liberal del Departamento, y con fría maestría, carga maletines para volver a ser nominado para un cargo de poder (Senado, Cámara, o Alcaldía, no importa cual) a nombre esta vez, del trapo rojo que descalificó a ultranza.

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Para completar el mapa (que sería interminable y daría para una sección en este portal), La Silla Vacía expone el caso del excandidato a la Gobernación de Santander por el Centro Democrático, que terminó apoyando la candidatura del Partido Liberal, cuando le fue anulada su aspiración por haber incurrido en doble militancia. Salto dramático desde la férrea trinchera uribista a la orilla diametralmente opuesta, todo por un espacio de poder en el Departamento, así fuera de segunda o ninguna categoría como lo denunció el reconocido portal de análisis político, pues el ahora Asesor de Despacho no tiene vinculación laboral con la Gobernación, pero si “permiso” para moverse por sus dependencias.

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Esta conducta mercenaria es tan antigua como la profesión más vieja del Mundo, y su progreso lo único que deja es una ruina moral que da mal ejemplo y daña la confianza de la sociedad, relegando el ejercicio político a ciudadanos sin alma, que marchan en las filas del mejor postor; quedando desprovisto nuestro amado terruño, del liderazgo ejercido por vocación de servicio, que fue el elemento medular que hizo de Santander una sociedad sólida y competitiva, y una tierra de seres humanos geniales y resueltos. Se hace urgente recomponer los senderos del carácter y reflejar en nuestros propios actos (entre ellos el voto), una conducta coherente, que no siga cediéndole terreno a estos fenómenos de baja vibración: ¡Santander merece más! ¡Se puede!.

 

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